Es duro pasar por ahí. Es la segunda vez que trabajo 24 horas seguidas. Es algo que uno puede pensar que jamás lo haría, al menos una persona lúcida y en sus cabales. Sin ambargo pasa.
Las primeras horas que pasan del horario laboral no son críticas, si a uno no le importa salir más tarde. Las siguientes, una vez se pasa la media noche, suelen hacerse cortas. El sueño, que se acuesta pronto, ya no hace acto de presencia. El cuerpo empieza a generar (no sé cómo) algo que nos mantiene en vela durante cinco o seis horas. Una vez pasan éstas el cuerpo cambia. Sobre las siete de la mañana aparecen los sintomas de la tercera fase. Ésta es la más complicada porque volvemos a sentir sueño, además de un mal cuerpo (generado por el dolor de barriga).Nos encontramos en el punto crítico. El momento en el que uno desea marcharse a dormir, desconectar y cerrar los ojos. El problema es que entramos en el día siguiente. El cuerpo, como está acostumbrado, empieza a sentir la contradicción de empezar un nuevo día sin haber descansado. Por ello se nos pasa por la cabeza la acción de "empalmar". Esta acción se ve contrarrestrada por el efecto que nos produce ver una cama hecha, con su cubrecama perfectamente aliniado (me gusta que los cubrecamas tengan las costuras aliniadas perfectamente con la forma de la cama) y sus cojines pomposos bien situados en la cabecera. Es entonces cuando de forma automática nuestro cuerpo desconecta.
¿Y ahora me pregunto cómo después de haber pasado 24 cara al ordenador puedo estar escribiendo y mirando la pantalla?
De esto no me habían hablado en la carrera.
Y para no perder la costumbre os dejo un videoclip que me ha encantado. Es de Sean Lennon (sin comentarios).

24 horas seguidas tiene que ser por lo menos ilegal. :D
¡Intenta descansar amigo!
Gracias! Eso haré.
Un saludo!